El aumento de fe (creer en Alguien que nos guía y sostiene más allá de nosotros mismos, de nuestro esfuerzo y de nuestra voluntad), el aumento de esperanza (en la vida tal como se nos presenta y el deseo hondo de superar y combatir el mal) y el aumento del amor (deseo de entregar la vida gratuitamente promoviendo y cuidando en todas las circunstancias, al otro nuestro hermano) son signos visibles de Jesús vivo, presente en nuestra vida.

El día 25 de marzo en plena campaña de Cuaresma del Colegio de Oporto, y día grande en el Instituto, hemos acogido a una familia india huida de su país y de la que no podemos contaros mucho por su seguridad: un matrimonio joven con un bebe de un año y esperando otro para julio. Las circunstancias de la acogida fueron inesperadas, tampoco preparadas y totalmente imprevisibles para toda la comunidad tanto de hermanas como comunidad educativa. El pedido nos llegó el viernes por la  noche y el lunes estaban llegando a su nueva casa! Aumento de fe, esperanza y amor fue lo que hemos experimentado todos los que, en menos de dos días y medio, nos hemos involucrado y comprometido dando respuesta a una situación que literalmente nos batía a la puerta: el tiempo record en lo cual la casa quedo lista con tanto cariño y detalle, venciendo todo tipo de dificultades y frenos que tantas veces creamos, solamente se hace posible cuando Alguien nos mueve el corazón y nos provoca para implicarnos y complicarnos, cuidando la vida de otros, sobretodo de los más frágiles y desamparados.

Que Gracia inmensa la posibilidad de vivir de este modo y poder contar con una comunidad que encuentra sentido en esta misma forma de vivir la misión. Que Gracia, también, el desafío que la Iglesia nos lanza en este tiempo y que el Instituto, no queriendo quedarse indiferente, nos desafía a estar atentas a todos los que por algún motivo dejan su tierra. Por eso, más allá de las políticas más o menos asertivas con el fenómeno migratorio que cada país pueda tener, cuidemos la política de nuestro corazón. Hagamos de él tierra donde otros puedan abrigarse, sin la tentación de querer retener o poseer, sin juicios fáciles y precipitados o de querer medir éxitos o fracasos de nuestras acciones, de algo que somos sencillamente instrumentos de Su modo de proceder y amar.

Rita Cortez, aci