(en septiembre 2018 publicamos la historia de Tarek (nombre ficticio), un palestino que pasó años queriendo salir de Gaza y pedir refugio y a quien nuestra hermanas de Ecuador, Argentina y Uruguay acompañaron y ayudaron mucho. Hoy él mismo, ya con su nombre verdadero comparte un nuevo testimonio)

La noche del encuentro es una experiencia a la que me acerqué luego de haber recorrido un camino largo hasta llegar a Uruguay, soy palestino de Franja de Gaza y viví la ocupación de mi tierra desde antes de nacer, la vida y mi trabajo hicieron que conociera a mi esposa, una mujer argentina con la que luchamos para poder construir una vida juntos.  Nada de esto fue fácil, en medio de la ocupación creer en el amor, en la solidaridad no es simple, pero siempre tuvimos fe, fe en que el amor todo lo puede. Recuerdo cuando aún en Gaza Juli me envío una frase, yo no sabía entonces, pero era un salmo que decía así:

«Y ahora, así habla el Señor, el que te creó, el que te formó: No temas, porque yo te he redimido, te he llamado por tu nombre, tú me perteneces.

Si cruzas por las aguas, yo estaré contigo, y los ríos no te ahogaran; si caminas por el fuego, no te quemarás, y las llamas no te incendiaran.

Porque yo soy el Señor, tu Dios, tu salvador

Porque tú eres de gran precio a mis ojos, porque eres valioso, y yo te amo…No temas, porque yo estoy contigo.

Era un Salmo que el mejor amigo que Juli tiene le había dado, él es Eusebio, el sacerdote más maravilloso que he conocido.

Cada día nos aferramos a vivir, a confiar, a seguir adelante y logramos que saliera de Gaza, pero nada, nada de esto lo hicimos solos, siempre Dios tiene el mejor plan, y así como Euse, maravillosas personas fueron puestas en nuestro camino. Constanza una monja maravillosa de Argentina, que SIEMPRE confió en mí contactó a Juli con las Esclavas de Montevideo, recuerdo cuando Juli me decía, con ellas me siento como en casa, porque para llegar a Uruguay yo debí estar en Turquía y en Ecuador, yo allá y Juli acá…un viaje que duró casi 4 años…pero nada de esto lo logramos solos, Daniela la superiora de las Esclavas, se arriesgó por nosotros, ella nos abrió no solo las puertas a este país sino también su corazón, la primera vez que la ví, le dije que veía en ella a una de mis hermanas (Sara) y así la siento…cada una de las hermanas nos enseñó algo…porque en cada persona que nos encontramos podemos ver que vivir es un milagro.

Cuando participo de la noche del encuentro pienso eso, pienso que a veces lo que las personas necesitan es solo la oportunidad de ser escuchados, o sentirse respetados, porque estoy seguro que nadie quiere morir solo, ni en la calle, ni en una guerra que no iniciamos, la gente de la calle cuando le digo que soy de Gaza, me dicen terrorista, me dan la mano y nos reímos juntos, quizá no es gracioso, pero nos reímos juntos y eso hace a la diferencia, algunos ni me entienden  cuando hablo, pero a veces no lo necesitamos… una sonrisa , una acción vale más que mil palabras a veces. Cuando llegué a Uruguay, como en cada aeropuerto me detuvieron, solo que esta vez me pidieron perdón por la demora, pienso que ese empleado ni lo recuerda, sin embargo yo lo recordaré por el resto de mi vida…pedirme perdón por los 5 minutos de demora…a mí un palestino al que han humillado miles de veces en los aeropuertos…

Sin la pequeña o gran acción que cada una de las personas que pasan por nuestra vida hacen, y cada uno de nosotros hacemos, no seriamos lo que somos. A mí me gusta ser lo que soy, un hombre de Gaza, un PALESTINO que vive en Uruguay y hace lo que puede para que este mundo sea un poquito mejor… cada día que nos levantamos tenemos esa oportunidad. Los israelíes dicen que los palestinos enseñamos a nuestros hijos a ser terroristas y a odiar, sin embargo levantarse en Gaza, bajo la ocupación y salir de allí y vivir sabiendo que no sabes cuándo podrás volver, y vivir sin odio, para mi es todo lo contrario es una muestra de fe y de amor…porque al final el amor siempre gana, porque cuando nos dan ganamos, pero cuando podemos dar también ganamos.

Si Jesús, ese PALESTINO no enseñó algo es eso, el amor es dar, no lo que te sobre, no lo que no te guste, es dar lo que tu corazón diga y así el otro lo va a recibir…odiar, enojarse es fácil, pero tenemos una mente que nos permite pensar y un corazón para sentir y cada día, cada minuto tenemos la posibilidad de pensar, sentir y ser mejores…y si esa vez no sale, paciencia, la otra quizá…vivir es eso, un milagro y a veces no nos damos cuenta…

Ayman Abusharekh 1 julio, 2019