Su nombre es X y proviene de Costa de Marfil. Llegó a Paris con su hijo de 5 años después de un viaje de dos años …. Pasó por Mali, Argelia y Marruecos. Entró en Europa por España, para llegar a Francia, donde vino a encontrarse con su hermana mayor.

Después de una semana de estar en Paris en casa de su hermana, su cuñado no la acepta más en casa y la pone en la calle con su hijo. Es entonces que X, que tenía nuestro contacto a través la asociación ODOS, en España, con la que trabajamos en red, nos llama buscando un abrigo para pasar la noche que estaba fría y lluviosa.

En ese momento, después de enterarnos donde estaba, salimos a su encuentro en un barrio en las afueras de Paris. La encontramos a ella y a su hijo y fuimos buscando un lugar para acogerla. Esa noche no logramos encontrar ningún alojamiento.  Al hablar con ella pudimos comprender que el padre de su hijo también estaba en Paris desde hace dos años, pero sigue en la calle y sin arreglar los papeles.

Al día siguiente, después de mucho buscar, logramos que una ONG – “Association Notre Dame de Tanger” – la acogiera por una semana mientras intentábamos que la seguridad social se hiciera cargo de ella.

A lo largo de esa semana, la fuimos acompañando y, al final de la semana, ella ya había logrado contactar la seguridad social que, por fin, se hizo cargo de ellos.

Esta mujer luchadora y fuerte, aunque físicamente muy debilitada por todo lo que ya ha sufrido a sus 26 años, no baja los brazos. Esta ahora con su hijo y su compañero en un abrigo “provisional” de la seguridad social hasta que le encuentren un hogar para poder regularizar su situación y empezar una vida “normal” y digna, trabajando y con su hijo en la escuela.

Impresiona ver cómo, a pesar de todo lo que ha sufrido, X no perdió la esperanza y sigue luchando por una vida más digna para ella y su familia, siempre con una sonrisa en su rostro y una palabra de gratitud por cada pequeño paso que vamos dando y cada pequeño gesto que podamos tener para con ella.

Esta experiencia de acompañar X fue para mí, de verdad, una experiencia de comprometernos como comunidad, para implicarnos y dejarnos complicar por la vida de nuestros hermanos y hermanas los más pequeños, los preferidos de Dios. Fue también la ocasión de comprobar, una vez más, la importancia del trabajo en red.  Solos no llegamos muy lejos, pero unidos y en red podemos, poco a poco, ir transformando nuestro mundo y construyendo el Reino con “nuestras pequeñas obras ocultas”.

 Maria Manoel,aci