“Ofrecer a todos la posibilidad de aprender a vivir en armonía en un mundo seguro”.

Es una frase que me resuena desde hace algún tiempo… Es un deseo, un sueño, una tarea…  Como es conocido en Perú, este año hemos rebasado las expectativas que se esperaban de migrantes venezolanos. Han llegado a diversos pueblos del norte, del sur, de la sierra, de la selva y sobre todo de Lima y sus conos. Se habla de 850,000 personas, pero como cada día se acrecienta el número ya no se sabe. Justamente en el mes de setiembre vivimos un colapso muy doloroso, se incrementó la llegada de venezolanos por cuestión de las facilidades en los documentos que se les requería para cruzar la frontera. Llegaban por cientos… Lo que generó angustia, desazón en los peruanos en general. Había en el ambiente un sentimiento de angustia, preocupación… Era como una invasión por todos lados en los que se mirase.

Nuestra Comunidad de Esclavas está situada en en el cono sur de Lima, en Villa El Salvador, uno de los lugares más concurridos por los migrantes venezolanos, por las posibilidades de trabajo que tiene. Lamentablemente, también en estos mismos días de setiembre, se levantó como una ola inmensa de robos, asesinatos crueles, grescas violentas, vandalismo en general por las calles de la ciudad; prácticamente en todos estos sucesos estaban implicados “venezolanos”.

El panorama se enrareció, se generó un mayor rechazo y hasta odio contra estos hermanos… les insultaban por la calle, les negaban trabajo… sólo por ser venezolanos. Tan fuerte fue esta violencia de los venezolanos, que ellos mismos comenzaron a hacer sus campañas, para que respeten a los ciudadanos peruanos, motivándolos a reconocer que aquí se les habían abierto las puertas… etc. Mensajes por las redes, comunicados de instituciones más formales, vecinos del barrio… hicieron toda una movida reconociendo los gestos solidarios de acogida que habían recibido y comprometiéndose a denunciar a sus compatriotas que estén en malos pasos o que conozcan que pertenecen a bandas criminales de Venezuela que se hayan venido a Perú.

Los hermanos migrantes tenían miedo de salir a la calle, de buscar trabajo, de hablar… para no recibir rechazo… gracias a Dios, esta situación ha ido calmándose. Se puede decir que hemos vuelto a vernos con alegría por las calles… les hemos escuchado manifestar su pena por los malos comportamientos de sus compatriotas… nuestro pueblo, creo que va comprendiendo mejor las cosas, aprendiendo de tolerancia, de sensibilidad, de comprensión y hasta compasión.

En el Grupo Residencial 10, se realizó una Adoración Comunitaria con el sentido de rezar por los migrantes llegados a nuestro país. Fue muy bonito como se organizaron, guiadas por la señora Liduvina Pazos de FACI, hicieron invitaciones por familias, para que los vecinos de su Comunidad participen y fue bonita la acogida. Hubo cantos, peticiones… con mucho sentido comunitario y con la presencia también de venezolanos.

Nosotras nos hemos centrado en sensibilizar más y más a FACI de Villa El Salvador, porque su criterio tiene efecto multiplicador por diferentes grupos residenciales del sector. Este ha sido nuestro principal quehacer en setiembre… al comienzo se ha sentido resistencia: No de todas las señoras del grupo, pero algunas decían “vienen a quitarnos trabajo”, “aquí también hay pobres que podemos ayudar”… “las mujeres son muy alegres: se pintan, se visten apretadas, fuman..” etc.  Sin embargo se ha ido generando una transformación, que viene de Dios. Ahora, son ellas las que comentan conscientemente, la compasión que sienten al comprender lo que es dejar todo, dejar su tierra, su familia, sus costumbres,…  Son ellas las que comparten sus experiencias de apoyo.

Igualmente con otra área de la Parroquia, conformada por líderes de la Comunidad Cristiana de cada grupo residencial, y con la ayuda y coraje de la Señora Ana Ribera, ante esta nueva oleada de migrantes, se ha seguido colaborando y consiguiendo alojamiento, alimento, ropa, apoyo para la inscripción del seguro médico para mujeres embarazadas, medicinas, trabajo, documentación, etc. Algunos no responden bien: mienten, roban, se aprovechan, son flojos, pero son pocos casos, la mayoría no es así.

Este grupo pidió hacer retiro en setiembre y fue conmovedor que aceptaron en su retiro a una señora venezolana joven, con su niña de un año y medio, que acababan de llegar, anémicas y desnutridas… la bebé durante las charlas, a ratos dormía en medio de la sala, o jugaba con los regalos que le trajeron las señoras… desde pañales hasta muñecas, un experiencia inigualable.  Realmente orar a los pies de un símbolo viviente de la pobreza y vulnerabilidad. Experiencia que no se podrá borrar de lo vivido esos días.

Ha sido un recordar la fecha del MIGRANTE de una manera diferente… llena de VIDA, palpitante y generadora de armonía que fortalece, alegra el alma y provoca la sensación de que vamos haciendo camino.

Mela Vázquez, aci