Un año más MAG+S y Atalaya Intercultural han hecho posible que un grupo de 60 niños y 19 jóvenes pasen unos días inolvidables. Desde hace años, en la ciudad de Burgos, Atalaya Intercultural cuida de las personas que por diferentes razones han salido de sus tierras buscando un futuro para ellos y sobre todo para sus hijos. Es una ciudad pequeña y, aparentemente, poco atractiva para migrantes; sin embargo no paran de llegar jóvenes, adultos y familias de diferentes partes del mundo buscando un futuro mejor. En estos días de campo de trabajo, los jóvenes que han participado, han conocido de cerca un poco de esta realidad. Para ello nos hemos acercado a tres programas de los muchos que tiene Atalaya: Todos ellos han estado con niños de 5 a 12 años, repasando materias y jugando, en su programa de atención a la infancia; un grupo de 4 han dado clase de español a jóvenes y adultos que necesitan la lengua para encontrar un trabajo o para pasar el examen que les ayudará a conseguir la nacionalidad. Por último, todos ellos han servido en el comedor, un lugar pequeño donde este verano daban entre 60 y 70 comidas diarias. Todo ello acompañado por tiempos de oración y reflexión de grupos además de algunas sesiones de formación que nos han ayudado a entender de fondo y a conocer esta realidad Y de todo esto ¿Qué nos ha quedado en el corazón? Hablando con los jóvenes, para muchos ha sido una experiencia inolvidable, porque ahora ya ponen nombres a las noticias del telediario en las que se narran desembarcos, naufragios o barcos que no pueden atracar en ningún puerto. Para muchos ha sido una escuela de vida ya que ellos mismos reconocen que antes no se podían imaginar lo que algunos de estos críos han vivido o incluso viven. Un tiempo también de encuentro ecuménico; muchos de ellos no son católicos y el charlar con algunos de cómo viven su fe les ha ayudado a descubrir un poco más la suya propia. Algunos de ellos decían que en estos días se daban cuenta de que jóvenes como ellos son mucho más maduros porque han tenido que pelear por aquello que ellos han tenido sin buscarlo. El escuchar historias en primera persona de cómo han viajado hasta llegar a España o charlar con los jóvenes que asisten a las clases o viven en los pisos de Atalaya les ha hecho reconocer lo afortunados que son y la responsabilidad de hacer porque otros puedan tener las mismas oportunidades que ellos han disfrutado por haber nacido en España. De repente Marruecos, Ghana, Paquistán, Nigeria, Colombia, Venezuela Rumanía, son lugares cercanos, muy próximos que han atrapado los corazones de estos jóvenes; también el de el grupo de acompañantes para quienes esta experiencia ha sido tierra sagrada al ser testigos de cómo estos jóvenes se han dejado tocar el corazón por esta realidad y han elegido ponerse del lado de quienes en estos momentos son más vulnerables. Cada mañana acabábamos el buenos días a los niños cantando: “por eso estamos aquí, conmigo puedes contar, y dejaré mi equipaje a un lado, para tener bien abiertas las manos y el corazón lleno de sol”. Ciertamente Atalaya ha sido eso, un lugar desde el que contemplar la vida de niños jóvenes y adultos, donde hemos ido dejando nuestros prejuicios, nuestras mentalidades a un lado para acoger y abrazar a las personas con las que hemos vivido estos días… y nuestras vidas, de repente, se han encontrado llenas de un sol especial.

Paula Delgado, aci