Marisol y Melanie son de Venezuela y vuelven a tener un horizonte de esperanza en Uruguay. Haberles dado Hospitalidad en nuestra casa nos ha permitido acompañar sus luchas y logros hasta este momento en el que Marisol con su trabajo en una empresa y unas guardias le permiten este mes alquilar un apartamento pequeño y  Melanie acaba de ser sorteada para ingresar a la facultad de arquitectura y su trabajo en un bar en el que quedó efectivizada.

Todo empezó unos días antes de Navidad. Conocimos en nuestra Iglesia a Marisol (48) y Melanie (19), madre e hija venezolanas, que venían a misa buscando a Jesús y un lugar donde sentirse en casa. Las invitamos a compartir con la comunidad la cena de Nochebuena junto a Marcelo (un uruguayo que vive solo y tiene una pequeña discapacidad), Dora (de Guatemala que se vino con una familia de allá para la cual trabaja), Richard (sacerdote del clero diocesano que hacía unos días había fallecido su mamá) e Iberia (una anciana uruguaya que vive sola).

Aquella Nochebuena fue muy especial, entró dentro del corazón de la comunidad vivencialmente la realidad de Venezuela, el dolor, las alegrías y esperanzas de Marisol y Melanie que después de haber salido de su país itineraron por Colombia y Ecuador buscando un lugar pero no lo encontraron, como les pasó a María y a José en Belén. Experimenté que misteriosamente aquella Noche para ellas y para todos los que estábamos allí la estrella de Belén se había detenido en nuestro jardín, donde nos encontrábamos compartiendo en el brindis por Jesús la ofrenda que queríamos darle a través de nuestra gratitud por su presencia en medio nuestro y expresando nuestros deseos más hondos. Terminamos nuestra Noche celebrando y bailando con música de nuestros países: Uruguay, Guatemala, Venezuela y Argentina.

Unos días después nos encontramos a celebrar el Año Nuevo donde la mesa se transformó en una mesa donde comulgamos más hondamente con la historia que Marisol y Melanie traían, y con el Dios compañero de camino que las había cuidado y conducido hasta aquí. Escuchar a Marisol me permitió una vez más asomarme a la realidad de impotencia, de angustia, de oscuridad, peligro, denigración y explotación que viven nuestros hermanos inmigrantes, especialmente las mujeres, pero también me ha hecho conectar con la actitud de gratitud al Dios que va abriendo camino y conduce a lugares que ellas han sentido como su “tierra prometida”. En medio de horas de escucha aquel día nos dimos cuenta que la señora que les alquilaba una habitación muy pequeña les estaba cobrando lo que sale el alquiler de un apartamento, entre otras cosas. Por este motivo, las recibimos en nuestra casa desde el 30 de enero…

Daniela Concetti, aci