Raya, tiene 4 años, es Siria y hace casi tres años llegó a Argentina con sus padres y su hermano Jad, de cinco años.  Vive en un piso de nuestro Colegio de Belgrano junto a su familia.   Salió de Siria muy pequeña, así que va creciendo en nuestra cultura y en un ambiente religioso y social, seguramente muy diferente al que se criaron sus padres o incluso dio sus primeros pasos de vida, su propio hermano.  Con la facilidad propia de los niños para los idiomas, ya es bilingüe, árabe y español y tiene unos ojos vivaces y una tímida sonrisa con la que va descubriendo el mundo.

Raya, concurre a salita de 3 años del Jardín de Infantes del Colegio, donde seguramente le van hablando de Jesús, nuestro Amigo, canta algunas canciones que hablan del amor de Dios, en fin, dando los primeros pasos de fe, como cualquier niño. Estas semanas previas a la Navidad, nos ha sorprendido con su pesebre,  al armarlo junto a su madre y hermano ha insistido mucho en poner a lado de Jesús algunos “compañeros” de cuna. Su madre pensó que era una decoración original y la dejó hacerlo, pero un día, mirando al Niño le pregunté por los muñequitos que había puesto junto a El “ Y ellos, ¿qué hacen ahí?”, con total frescura y sencillez me respondió “Lo acompañan”.

Esta pequeña niña siria, que dejó su tierra teniendo un año y medio de vida, tal vez ya constató una necesidad honda que tienen todos los migrantes y refugiados, ser acompañados. Sí, que les acompañemos porque la distancia les duele, porque en las maletas no pueden guardar toda su historia, porque precisan nuestra escucha y cercanía para ayudarles a mantener viva la memoria de su tierra y de su historia y para enfrentarse a  la  dura realidad de ser acogidos o rechazados, integrados o dejados al margen de toda posibilidad de vida nueva, según el país al que llegan y la política migratoria con la que se encuentran.

Raya  se sintió movida a “proveer” de compañía al Niño Dios, ojalá  también nosotras podamos reafirmar en esta Navidad nuestra opción de acompañarle, de dar siempre un paso más, para caminar con El y así ponernos cerca de cada hermano refugiado o migrante que peregrina por el mundo.