Japón, Corea y Taiwán son países receptores de trabajadores cuyas condiciones son como esclavos.

En Japón estamos trabajando juntos en una estructura organizativa establecida entre el Comité Directivo y Asociación de Superiores Mayores de Mujeres Religiosas y Superiores Hombres en Japón. Yo, fui elegida como líder principal del comité del grupo de redes de Talitha Kum Japan contra la trata de personas. Por lo tanto, mi trabajo o función es facilitar la comunicación entre esos grupos y planificar un seminario anual para crear conciencia, capacitar y movilizar a personas consagradas y laicas en Japón para responder y contrarrestar la trata de personas.

Hay muchos países que envían trabajadores a Japón, especialmente Vietnam, China, Camboya, Filipinas y Tailandia. Talitha Kum Japón trabaja en red con los otras delegaciones de Talitha Kum en países asiáticos para intercambiar información sobre el tráfico de personas. Con este fin, asistí con otros 3 miembros del comité a la Conferencia TK Sudeste y Este de Asia en Hua Hin, Tailandia, en noviembre de 2017.

Este año, continuando con la sensibilización participaré en programas de diferentes diócesis y parroquias para informar sobre lo que está sucediendo en Japón sobre el tema de la trata de personas y también para organizar seminarios o talleres para migrantes y víctimas de la trata con la colaboración de los países de origen.

Quiero compartir algún caso concreto. Primero sobre una mujer de Vietnam. Ella vino a Japón con visa de estudiante pero su propósito era trabajar en Japón. Cuando llegó a Japón descubrió que estaba embarazada y volvió a Vietnam. Ya se le había expedido la visa de residencia/estudiante. El empleador le pidió que le devolviera la tarjeta de residencia. Le hubiera gustado volver a Japón después de dar a luz, pero para ella era muy difícil poder regresar porque la visa de estudiante/tarjeta de residencia ya no es válida. La comisión de TK tratando ese caso, ha descubierto que el contrato  que ella hizo en Vietnam y el contrato para trabajar en Japón eran diferentes. En el contrato de empleo en Japón no hay ningún artículo que dice que tiene que volver a su país pero en el de Vietnam para venir al Japón estaba ese artículo. Ella  no se dio cuenta de esa diferencia de contrato. Por eso, TK vio la necesidad de intercambiar  información entre los países  que envian gente  trabajadora y  Japón. Este caso por ahora no tiene solución.

  El otro caso fué una mujer que vino al Japón por “tecnical intern trainee”.  Cuando ella se dio cuenta de que estaba embarazada, el  patrón propuso a ella elegir una de dos condiciones, si quiere seguir trabajando debía abortar y sino debía volver a Vietnam. Un miembro de TK consultó ese caso a un abogado y ahora están en el tribunal.

A muchos asiáticos les gustaría venir a Japón para ganar dinero. La forma más fácil de obtener una visa es obtenerla para ser “aprendices técnicos internos”, o visas de estudiantes extranjeros o ingenieros. Muchos casos de estudiantes extranjeros se convierten en “fugitivos” porque no podían pagar los gastos de la escuela. Más de 7000 aprendices asiáticos en el marco del programa de capacitación de pasantes técnicos abandonaron sus trabajos. La mayoría de estos casos se dan por incumplimiento de contrato entre el empleador y la organización de envío. A algunos de estos aprendices se les pagaría de 20,000 yenes a 60,000 yenes por mes. Así que, más bien se arriesgaron a encontrar otro trabajo. Los aprendices técnicos saben muy poco sobre el contrato que estaban firmando, por lo que cuando surge el problema, no saben a dónde ir.

Como hay tantos casos y problemas entre los trabajadores de otros países, Talitha Kum Japón, cuando se encuentra a algunas personas en problemas, busca un intérprete o defensor para resolver problemas y también para esconderlos en algunos refugios ofrecidos por varias Congregaciones. Hace algunos años, nuestra casa de Gotanda también ofrecía espacio para esas personas.

Monica Shioya, aci