Hace 15 años que Jaki, salió de Nigeria,  buscando una vida más digna. Sola y escondida en un camión llegó a Niger donde estuvo un año, de ahí pasó a Argelia. Llegó a Marruecos, donde conoció a su pareja y padre de su primer hijo. Éste le ayudó a pasar, escondida en un camión, hasta Melilla. Ingresó en el CETI nada más llegar. Su pareja pudo cruzar, más tarde, hasta Melilla y se alojó en un asentamiento chabolista, donde murió en un incendio. Jaki dio a luz a su primer hijo en el 2011.

Del 2013 al 2015 rotó entre Cartagena, Valencia, Almería siendo explotada sexualmente y víctima de trata, obligada a ejercer la prostitución, sufriendo castigos cuando no aceptaba las normas impuestas por el club en el que residía (agresiones físicas, psicológicas, privación de comida, etc.). Expulsada del club  se quedó en la calle con su hijo y sin nadie conocido. Ante tal situación estresante protagoniza alteraciones de conducta en la vía pública, desnudándose, vociferando. Hospitalizada le diagnostican un episodio psicótico.

Su hijo, con epilepsia, lo tutela la Entidad Pública de Menores de Murcia. Ella se traslada a Almería donde permanece retenida y obligada a ejercer la prostitución en condiciones de semi-esclavitud, hasta que una redada policial disuelve el club y la llevan al Centro de Migraciones de Puente Genil. Dada su situación creen que el mejor recurso podría ser el Centro de las Hermanas Hospitalarias de Palencia, pero no hay quien subvencione su plaza y no se encuentra ningún sitio donde derivarla. Queda embarazada y la mandan al Centro Materno Infantil Ave María de Salamanca. Da a luz una niña en septiembre 2018. Los Servicios Sociales de Salamanca se hacen cargo de la niña hasta que la dan en adopción.

Después de 15 años, sin papeles, desarraigada, con una situación estresante, con actitudes y comentarios muy infantiles, respondiendo de forma desconfiada, conversación desordenada y  una fuerte barrera idiomática, llegó al Centro Ranquines (Centro de Día para personas con problemas de salud mental).

En año y medio, la evolución es asombrosa, hace unos días, al terminar el taller de Mindfulness, me decía: “Soy feliz”. Está aprendiendo castellano, asiste a los talleres que ofrecemos en el Centro: Habilidades cognitivas, sociales, psico-educación, emociones, deporte, cocina, arte-terapia, etc. Su ilusión es  trabajar como limpiadora y  poder alquilar una habitación. Poco a poco va adquiriendo habilidades que le ayudan a socializarse y sobre todo va ganando en confianza.

El Centro Ranquines nace, en septiembre 2017, al querer dar respuesta a una necesidad no cubierta por la sociedad: Atender a las personas con enfermedad mental en situación de exclusión o con pocos recursos. Varias Congregaciones Religiosas, junto con Caritas y la Diócesis, firmamos un convenio de colaboración para su funcionamiento, aportando recursos humanos y materiales para el desarrollo de las actividades y su mantenimiento. Desde nuestra comunidad del Azafranal colaboramos al mantenimiento, a la Coordinación del voluntariado y participamos como voluntarias.

Desde su inauguración han pasado por el Centro más de 70 personas con esquizofrenia y otros trastornos psicóticos, trastornos de la personalidad, patología dual y un 25% sin diagnóstico. Conseguir que  acepten acudir al psiquiatra, que tengan un diagnóstico y asuman la enfermedad es la gran tarea de nuestro Proyecto.

Un objetivo del Centro es llegar a establecer relaciones sanas, de persona a persona, de igual a igual. Posibilitar que cada uno y cada una se reconozca con toda su dignidad, en su condición de ciudadano con derechos y deberes, permitiendo el desarrollo de todas sus posibilidades. Y así como  en el caso de Jaki puedan ir creciendo en confianza y seguridad asumiendo su enfermedad.

Muchos de los participantes tienen dificultades para relacionarse y comunicarse. La actitud con la que estamos presentes y la permanencia, les ayuda muchísimo. El trato cercano y afectuoso, el sentido del humor, tiene un gran poder terapéutico. Así vamos combatiendo el estigma que afecta a las personas con enfermedad mental.

Todo esto es posible gracias al acompañamiento de los cuatro profesionales, de la colaboración de  los 25 voluntarios y de todos los participantes  que vamos haciendo posible un ambiente de familia.

Laly Jubany, aci