En el inicio de febrero, aquí en Francia, tenemos quince días de vacaciones… Quince días en los que muchas familias viajan, unas para ver sus familias en diferentes partes del país, otras a la nieve y muchas al extranjero… Esta es la realidad de muchos… pero no de todos.

En el barrio de Chennevières, en Saint Ouen l’Aumône, las familias no tienen esta posibilidad de salir, de conocer otros lugares… por eso nosotras, pasamos ahí las vacaciones escolares para poder estar con los niños y darles la oportunidad de hacer actividades diferentes. Y, durante el curso, dos hermanas van ahí todos los miércoles.

Aquí, en este barrio, podemos hacer vida el deseo de Santa Rafaela María: “Nuestro corazón no debe limitarse a un número reducido de personas sino abrirse al mundo entero”… De hecho, el mundo entero entra en nuestras vidas cada vez que nos encontramos allí. Hay familias de casi todos los continentes y de muchos países… todos viven juntos, todos comparten sueños, todos viven preocupaciones semejantes…

Además, en Saint Ouen l’Aumône, podemos también experimentar lo que es la vivencia inter-religiosa, ya que aunque que la mayoría de los niños sean musulmanes, también hay cristianos y de otras confesiones… todos podemos vivir juntos, compartiendo lo que es esencial de la vida en Dios (llamémosle como llamemos): el Amor, el encuentro, la búsqueda del Bien.

No siempre es fácil, porque, siendo una población muy vulnerable y con muchas dificultades económicas, de integración en el país, de regularización de su situación legal, muchas veces nos hacen confrontar con situaciones de violencia, con niños con comportamiento difícil, con conflictos entre familias y dentro de las propias familias… Pero, es aquí que reside nuestra misión, haciendo de manera que, durante los tiempos en los que estamos con los niños, ellos puedan experimentar lo que es la convivencia de unos con otros de manera sana y en paz, con dignidad, tratando de sacar lo mejor de cada uno…

Todo empieza con las cinco palabras que orientan la Asociación Rafaela María: buenos días, gracias, por favor, perdón, adiós. Al inicio de cada semana la hermana Sabina Abaroa las recuerda a los niños y animadores… Y la verdad es que, con estas palabras podemos todo… con estas palabras que todos conocen (sea cual sea su origen o confesión religiosa), creamos comunidad, crecemos juntos. Pero no llegan… hay una otra, que es la que fundamenta todas y sin la cual lo que hacemos no sería posible: el Amor… es este amor que nos hace salir de Paris cada miércoles para ir al encuentro de los niños y de sus familias, es este amor que nos hace desear ayudarles a crecer felices, es este amor que damos pero que también recibimos, cada día, en cada salida. Un amor que no siempre se expresa con palabras pero que se vive en la alegría que sentimos al verlos jugar juntos, al sentir su entusiasmo en conocer otras realidades fuera de su barrio o al disfrutar con cosas tan sencillas como una tarde pasada en la piscina. Esto no tiene precio y, como dice muchas veces Sabina, nos da vida…

En fin, lo que vivimos en Saint Ouen l’Aumône es un constante dar y recibir, estando al lado, acompañándonos mutuamente, sin barreras, sin pretensiones… “desde abajo, desde dentro, desde cerca”.

Clara Lito, aci