Según el periódico Japan Times News, durante estos años ha aumentado rápidamente el número de inmigrantes vietnamitas. Al fin del año 2018 son unos 330,000 personas; ocupan el tercer lugar en el número de inmigrantes en Japón. (Los Chinos son unos 760,000, y los Coreanos unos 450,000.) Estas personas han venido al Japón como aprendices, estudiantes o trabajadores profesionales. Estos son pocos, la mayoría son o aprendices o estudiantes que trabajan.

Vivir en un país extranjero por primera vez no es fácil para muchos estudiantes y jóvenes. Es aún más difícil para los que no pueden hablar el idioma y no conocen los leyes y costumbres. Afrontar estos desafíos los lleva a defender sus opciones o a dejarse vencer. Muchos de ellos han sido encarcelados, se han suicidado, o han caído en malos hábitos. Sin embargo, en medio de este mundo desafiante, hay personas que pueden mantener su fe, sus valores, y llevar una vida honesta, y al mismo tiempo ayudar a otros. Esta es la belleza de tener fe en Dios y de pertenecer a la comunidad cristiana.

En Japón los católicos son una minoría: solo 500.000, es decir el 0.35% de la población.  Ahora, hay muchos vietnamitas, y entre ellos unos 30,000 cristianos jóvenes. A pesar de ser pocos, y tener pocos religiosos y sacerdotes,  la Iglesia de Japón ha respondido con generosidad a la llamada del Santo Padre a abrir sus puertas a acoger y acompañar los migrantes con mucho entusiasmo y cariño.

El 29 de abril, la diócesis de Saitama celebró el Segundo Encuentro de Jóvenes Vietnamitas, con unos 500 jóvenes de la diócesis. El lema fue: “Soy yo; no temáis!” recibir el Sacramento de la Reconciliación. Después, había intercambios culturales, compartir la fe, e intervenciones de los obispos de Vietnam y de Japón. El día terminó con la Eucaristía.

La semana pasada, aprovechándose de la semana de fiestas nacionales en Japón, se celebró el Primer Encuentro Nacional de Jóvenes Católicos  Vietnamitas de Japón, con el lema: tu fe tiene que brillar. El Encuentro ha acogido unos 1,200 jóvenes que vinieron de más de 30 grupos de todas partes de Japón.  El encuentro tomó su inspiración de la Jornada Mundial de la Juventud. La ceremonia de apertura empezó con la Exaltación de la Cruz, y el izado de las banderas. Después, estudiaron la doctrina social de la Iglesia a través de un concurso. Por la noche había un intercambio cultural y una hora de adoración. El día siguiente, había un compartir con los obispos de Vietnam, sobre cómo hacer brillar nuestra fe cristiana a través de nuestra vida.

En los dos Encuentros, representaron la Iglesia de Japón dos obispos que hablaron de la alegría y la esperanza de tener estos jóvenes vietnamitas en nuestras iglesias. Con corazón de pastor, no solo acogieron los jóvenes con brazos y corazones abiertos, sino los invitaron a participar en la tarea misionera de la Iglesia.

Monseñor Michal Goro Matsura, el presidente de la Comisión de Migrantes y Refugiados, dijo en su homilía: Todos nosotros somos peregrinos en este mundo, y lo más importante para los peregrinos es caminar hacia su “patria,” y para nosotros, los Católicos, nuestra patria no es ni Vietnam ni Japón, sino el Reino de Dios,  caminar hacia Dios.  Así que, os invito a venir y participar en la Iglesia. La Iglesia de Japón no es solo para los japoneses, sino para todos que creen en Dios, y que hacen presente su reino en nuestra vida a través de nuestro cariño y el cuidado a los demás.

Vino al Encuentro Monseñor Guise Do Manh Hung, el presidente de la Comisión de Migrantes y Refugiados Vietnamitas. Expresó su gratitud hacia la Iglesia de Japón por cuidar a sus ovejas y por establecer una colaboración entre las dos comisiones para Refugiados y Migrantes de los dos Iglesias. Les dijo a los jóvenes que la Iglesia les cuida, y prometió acompañarles y trabajar con los jóvenes.

En la clausura del Primer Encuentro Nacional de los Jóvenes Vietnamitas se respiraban alegría, agradecimiento y esperanza, porque los jóvenes han visto claramente que Dios está con ellos a través de los demás participantes y de la Iglesia. Además, ha abierto un camino para los líderes de la Iglesia y para los jóvenes a vivir su identidad como cristianos y a colaborar mutuamente en construir el Reino de Dios.

Phuong Chi, aci