Seguro que recordáis una típica canción que se llamaba “Viva la gente” y que empezaba diciendo:

“Esta mañana de paseo con la gente me encontré

al lechero, al cartero y al policía salude

detrás de cada ventana y puerta reconocí

mucha gente que antes ni siquiera la vi.”

Quizá, en esta época en que vivimos, y en nuestra sociedad, sea más difícil y menos visible todo lo que pasa a nuestro alrededor y es más complicado que se cumpla esta canción. Cada vez, en nuestras ciudades, es más común que no conozcamos a nuestros vecinos de bloque o a los comerciantes de nuestro barrio, o incluso a la señora que le damos la paz en el mismo banco de la iglesia.

Pero si hay algo invisible es lo que realmente pasa dentro de nuestros hogares. Podríamos hablar de muchos temas en relación con el ámbito del hogar pero especialmente me gustaría poner el foco en el empleo doméstico y la vulneración de derechos que muchas veces se da en él.

Esta semana en Red Íncola (ONG en Valladolid donde participan nuestra congregación) se ha presentado un informe que han realizado varias instituciones del Servicio Jesuita al Migrantes de España (SJM)  Acerca de las situaciones de vulnerabilidad que sufren fundamentalmente las mujeres migradas que trabajan en el sector de los cuidados y del empleo del hogar.

En él quedan patente los abusos, las condiciones de explotación y de precariedad en este sector que se considera como un trabajo subordinado. Esta invisibilidad se aumenta por los estereotipos y los prejuicios acerca de las trabajadoras extranjeras, debido a su clase social, a su religión o al país de procedencia y se producen relaciones sociales asimétricas, como paternalismo o colonialismo.

Algo muy notorio, es que las trabajadoras muchas veces normalizan condiciones de trabajo indignas que aceptan porque sienten no tener otra alternativa, así aguantan situaciones degradantes, tratos vejatorios, e incluso hasta múltiples formas de violencia. Y también vulneración de las condiciones laborales  en comparación con otros sectores, como trabajo sin contrato, con jornadas laborales muy extensas, poniendo en riesgo su salud, incumpliendo los descansos y sin derecho a la prestación del paro.

Todo estas situaciones de vulnerabilidad, son necesarias sacarlas a la luz,  para visibilizarlas, para tener más consciencia de lo que pasa en nuestra sociedad, en nuestro barrio, en nuestros hogares, para rezar por todas estas mujeres que trabajan donde otros no somos capaces de trabajar.

Y de esta forma, juntos poder construir una sociedad más inclusiva y más de todos con menos desigualdad donde no dejemos a nadie al margen de los caminos y que podamos seguir cantando:

“Con más gente, a favor de gente en cada pueblo y nación

Habría menos gente difícil y más gente con corazón”

Eduardo Menchaca, Red Incola.