La sencillez de un niño es capaz de reunir y sentar en una sola mesa la presencia de tantos rostros provenientes de diferentes lugares de Latinoamérica. Esa es la imagen que movió el corazón de las mujeres que forman la Pastoral Familiar del colegio Universitario Inglés. Al inicio del año, a pocos días de anunciar la dolorosa noticia del cierre definitivo de nuestro  colegio y pensamos que las mamás después de tremenda noticia no querrían formar la Pastoral 2019.  Al modo de Jesús, una de las integrantes nos sacudió con la fuerza de un terremoto diciéndonos, “se cierra y se acaba el colegio pero NO se acaban los pobres”.  Y estas mujeres han sido quienes han movilizado a las familias del colegio durante  todo el año.

Al planificar el trabajo, nuestros hermanos migrantes han sido el foco de interés, han sido quienes nos han puesto en actitud de salida.  Jesús nos fue invitando a salir a Su encuentro a través de un lema “Llamad@s a conocer, amar y servir”. El deseo de salir nos puso en acción. Primero mirando para ver, conocer y reconocer el dolor de tantas y tantos hermanos desde los distintos países de América Latina, que viven por tanto tiempo situaciones de dolor e injusticia.

Para conocer, invitamos a 5 personas migrantes y organizamos una mesa redonda donde ellos mismos nos transmitieron sencillamente su experiencia de haber salido de su propia tierra en busca de algo mejor. Los destinatarios fueron estudiantes, algunos profesores y padres de familia. Después de haber oído a cada uno, a través de preguntas fuimos conociendo su realidad que sacudió y conmovió el corazón de la asamblea.  Movidas e inquietas por acercarnos más a esta realidad un grupo de mamás y hermanas muy de mañana, cuando aún la oscuridad nos habla de madrugada, fuimos un par de veces a compartir el desayuno con hermanos haitianos que se amanecen haciendo la fila en la puerta de la Embajada para hacer sus trámites de residencia en nuestro país.  El “conocer” un poco más de sus vidas se fue haciendo tienda en un afán de caminar a un encuentro más cercano con aquellos que viven el fenómeno de la migración.

Nuestro equipo de Pastoral inquieto por dar un paso más, quiso que la Navidad tuviera un sentido más profundo, de mayor implicación… ¿CÓMO?  Dejándonos invitar por la Sagrada Familia, a mirar y contemplar a María, José y al Niño viviendo el exilio en Egipto: Ellos salieron con la confianza puesta en Dios, que nunca les abandona. Y, se pusieron en camino… Esta imagen de la huida nos conmovió el corazón para desear y concretar nuestro deseo de dar un sentido nuevo a la fiesta de la Navidad.

Lo primero fue motivar al resto de las familias de la Comunidad Educativa: Traer regalos para los niños y niñas que luego compartiríamos con INCAMI (Instituto Católico Chileno de Migración) para la celebración de la Navidad con 500 niños de familias migrantes.  Con gran alegría reunimos 180 regalos los que en caravana fuimos a dejar.  Y a paso firme, inquietas por no cortar las alas al llamado de amar y servir organizamos también nuestra propia fiesta. Del mismo INCAMI nos compartieron un listado de 10 familias migrantes con mayor necesidad, cantidad de hijos e hijas, recién estableciéndose en Chile, y a poco tiempo de haber llegado al país.

Nos pusimos en contacto con todas estas familias y les hicimos la invitación para compartir y celebrar  juntos la llegada del Niño a nuestra vida.  Con el corazón inquieto, preparamos el lugar, los regalos para los niños, para cada una de las familias.  Y llegó la tarde del 19 de diciembre, nos pusimos un punto de encuentro cercano al colegio y ahí nos fuimos encontrando.  Con cada una de las familias, ya nos habíamos comunicado por el whatsApp, nos conocíamos por las fotos del perfil de cada uno. Ese encuentro fue como de conocernos desde hacía tiempo, abrazos, alegría, agradecimiento, fiesta.  Un niño, el nuevo nacimiento de Jesús, un Niño pequeño y frágil provocó el milagro del encuentro… 10 familias con niños y niñas desde los 5 meses a 15 años. Rostros que nos hablaron de Colombia, Perú, Venezuela y Haiti.  Oración, sonrisas, colores, abrazos y comida nos hablaron de que algo nuevo estaba pasando…

Celebramos, hicimos fiesta por el nacimiento del Dios que se hizo niño, del Dios que al hacerse hombre quiso identificar su vida con la existencia de los migrantes.  Hoy solo nos queda dar gracias al Niño y al mismo tiempo encomendarnos a Él para que la experiencia de haber compartido con ellos nuestra cena, nuestras plegarias o nuestros buenos deseos, no se quede solo en buenas intenciones. Y sobre todo, darnos la oportunidad de cambiar nuestros prejuicios. Queremos hacer Reino, queremos seguir trabajando para crear consciencia de que todas y todos estamos llamados a amarnos, servirnos y acogernos unos con otros. Así sea…

Jimena Fuentes, aci