DANDO TESTIMONIO

Maria

INGLATERRA

Recuerdo que, desde siempre, quería hacer algo para ayudar a los demás: primero médico, luego dentista y terminé consagrada.

 

La búsqueda de la vocación puede que sea un camino arriesgado, pero que realmente vale la pena recorrer: el camino de buscar el modo en que puedo ser más yo misma, más de Dios y para los demás. Y este camino iba ganando una forma concreta, sobre todo por la llamada muy fuerte a una entrega universal, de una manera especial a los más pobres.

 

Nací en una familia católica y Dios siempre estuvo presente en mi vida, aunque no tuve una relación cercana con Él hasta los 18 años, cuando hice la preparación para la Confirmación (ahí conocí a los jesuitas y un poco después, las Esclavas) y descubrí a Dios como un ser personal, alguien con quien puedo tener una amistad profunda y real. Me fui metiendo en distintos grupos de jóvenes y estuve bastante tiempo en el “Movimento ao Serviço da Vida” y con ellos estuve tres veranos en el interior de Brasil, lugar de una profunda experiencia de Dios en los más pobres.  Dios entró para quedarse en mi casa. Nunca más salió. La inquietud por responder a la invitación que Dios me hacía para colaborar con Él, nunca más me abandonó.

 

Puedo decir que este camino de descubrir mi vocación ha sido largo y con altibajos, pero mi corazón reposó y pacificó profundamente cuando di el paso adelante para entrar en las Esclavas. Era como si dos piezas de un puzzle ya encajaban perfectamente ya que no llegué solo a compartir con Él una misión sino que llegué a hacer de Su sueño mi propia razón de ser.

Hermana Ceci

CECILIA

Timor Oriental

Hace poco -unas pocas semanas- me vine a enterar de que mi nombre significa “pequeña ciega”. La verdad es que no me gustó mucho. La parte de “pequeña” no está mal, pero ¿ciega? La gente siempre conecta a las Cecilias con la música, por la santa, pero la verdad es la verdad, y etimológicamente significa “pequeña ciega”. Y por más que haya algo que no me termine de gustar, este nombre dice mucho de mi relación con Jesús. Si hay una frase en la que puedo resumir mi historia y relación con Él, es esta: “Fijos los ojos en Jesús”. De hecho, es la frase que tengo grabada en mi alianza.

 

¿Y entonces?

 

Desde pequeña, desde niña he buscado Jesús, he deseado seguirlo, Él se ha encargado de hacer arder mi corazón desde muy temprano. En las catequesis del colegio, las misiones solidarias en vacaciones, mis primeros retiros, mi noviazgo, la elección de mi carrera, los ejercicios en la vida, la entrada en la Congregación, los diferentes países en los que he vivido – Argentina, Bolivia, Uruguay, Timor Oriental-. El deseo siempre ha sido el mismo, verlo a Él.

 

Contemplándolo en la adoración, en la vida compartida con los más pobres y abandonados… siempre ha sido Él. Por más que por naturaleza sea muchas veces ciega, el saberme también pequeña y en sus manos me ha salvado. Y es que solo con Él puedo aprender a VER, ver lo que Dios quiere que mire, como Dios quiere que mire…y vivir en consecuencia, poniendo mi vida al servicio de su Reino. Porque a fin de cuentas ¿no es eso la consagración?

 

ceci_ande@hotmail.com

Alexandrine

Guinea ECUATORIAL

Todo comenzó en Bikop, mi pueblo, dónde, después de un intercambio con mi padre sobre mi deseo de ser religiosa, fui a hablar con las hermanas de la misión sobre “cómo seguir a Cristo”. La hermana Mercedes Cuartino fue la primera Esclava que me acogió, con amor, ella me explicó el proceso a seguir y fue así que comencé mi camino.

 

Mi encuentro con Narciso y Christian, dos niños deficientes, uno mental y el otro físico, en la escuela infantil de Bikop, fue determinante. En efecto, ellos se convirtieron en una preocupación para mí, y enseguida me pregunté que sería de estos niños sin las hermanas. Fue así que entendí, en lo profundo de mí misma, la voz del Señor que me decía: “es a ellos hacia quiénes te envío”. Y así, se confirmó mi vocación religiosa y nació la vocación educadora.

 

En el juniorado, me enviaron a estudiar pedagogía, sabía que el Señor me ofrecía el regalo más bello que jamás recibiría. Mi sueño de ser educadora tomaba forma y al final de mis estudios, comprendí la importancia y el compromiso de nuestras fundadoras y de las primeras Esclavas con la educación. Porque “educar” es ser como el alfarero, que da a la arcilla, la forma deseada.

Hermana Isabel

ISABEL

Guinea Ecuatorial

Me gusta mucho mirar el mar, crecí junto a la playa y tuve la suerte de poder contemplar cada día la puesta de sol. Pero lo que más me gusta es el sonido de las olas, y verlas llegar e irse, para volver a llegar e irse otra vez. Y así empezó esta historia. Y así es como Dios llegó a mi vida, como esa constante que te moviliza y envía.

 

La pregunta por la vida religiosa llegó cuando tenía 18 años, acababa de empezar la universidad y quería darle sentido a mi vida. Me imaginaba a mí misma casada y con muchos hijos, trabajando en la misma ciudad en la que nací, en terreno conocido. Pero las olas a veces llegan en forma de tempestad y te arrastran mar adentro. Dios tenía otro horizonte para mí y me invitaba a salir, a ir más lejos, y con Él, “curar toda enfermedad y dolencia”. Y me hacía esta invitación a través del sufrimiento y la enfermedad de las personas con las que trataba en el hospital dónde hacía prácticas. Y lo hacía también en los niños del hogar dónde hacía un voluntariado cada sábado. Y su “ola” llegó a esa realidad acomodada en la que me había instalado, para rescatarme y atraerme con su evangelio a través de los pequeños, de los pobres, de los que sufren.

Paradójicamente, fue el dolor, el silencio, el sinsentido del sufrimiento, lo que hizo prender en mí la llama del deseo. Descubrí la belleza escondida en las rupturas que contemplaba y deseé colaborar en ese camino de reparación, que también se transitaba en mí.

 

Y me fie y entendí que este sueño de Dios tenía que ser con otros, y así fue como me encontré ante la pregunta por la vida religiosa, que se convirtió más adelante en respuesta alegre y confiada.

 

Todavía hoy, y después de 21 años desde el inicio de esta aventura, Dios sigue siendo esa constante ola que día a día abraza mi pequeña realidad y la transforma en deseos de más.

Todavía hoy deseo dejar que este constante vaivén de su llamada, de su ternura, de su amor radical, siga transformándome y llevándome “más dentro”.

 

isafeaci@gmail.com

Trinh Nguyen

Trinh

VIETNAM

No tenía ningún deseo de convertirme en religiosa cuando era más joven. De hecho, tuve una muy mala experiencia con los religiosos en mi infancia. Al crecer, quería tener un buen trabajo, crear mi propia familia, tener hijos y ¡ser feliz! Así que, a mis 24 años, cuando le pedí a mi familia aprobación para empezar un tiempo de búsqueda con las Esclavas en Vietnam, lo que obtuve de la familia y de los amigos fueron risas, para ellos era sólo una broma loca.

 

Aunque me establecí con un buen trabajo y tenía amigos maravillosos alrededor, las noches eran terribles. La única palabra que podía decir exactamente mi interior era “vacío”. Así que huí de esa sensación inquietante quedándome en una Capilla de Adoración después del trabajo, mirando en silencio a Jesús, y luego haciéndome mil veces la misma pregunta: “Cuál es el sentido de mi vida?”. Un amigo me pidió que me uniera a un retiro ignaciano que consideré como unas “vacaciones” lejos de esa vida vacía. Después del retiro, estaba segura de que mi vida nunca más podría ser la misma.

 

No sabía nada sobre la vocación, sólo intentaba responder a las preguntas que iban surgiendo en mi interior y que finalmente me llevaron a las Esclavas, una vez más y para siempre a Jesús en el Santísimo Sacramento en esta Congregación.

 

acibachhop@gmail.com

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