DANDO TESTIMONIO

ANA PINA

INDONESIA

Mirando atrás después de 25 años de Esclava y recordando dónde empezó esta “aventura”,  hay algunos momentos que creo fueron importantes y me ayudaron a tomar la decisión de seguir Jesús.

 

Hice una vez un retiro de tres días, en silencio, con una docena de buenos amigos y un santo y muy paciente padre jesuita. ¡Era la primera vez! Todos nosotros éramos aun estudiantes universitarios iniciando nuestro camino de fe y fue difícil estar en silencio y contener las risas y miradas de complicidad. Pero poco a poco, los tiempos de oración, el ambiente de silencio y las Eucaristías me ayudaron a descubrir y “estar” con Jesús “como un amigo con su amigo”; a experimentar Su amistad y el desafío de vivir mi fe de un modo más comprometido. Fue sin duda ya el inicio de una llamada….que yo aún no comprendía. Después de ese retiro todos empezamos a implicarnos más en diferentes actividades y a desear formarnos y conocer más a Jesús.

 

Otro momento importante, fue una Pascua en Taizé, donde experimenté la universalidad de la Iglesia y la comunión con jóvenes de otras iglesias cristianas. Viviendo y compartiendo oración, reflexión y actividades diarias con gente tan diferente y de tantas nacionalidades, tantas lenguas, culturas… pero donde la escucha y acogida de cada uno tal como es era tan real y sincera. ¡Aprendimos muchos uno de otros! convocados por el mismo Cristo Jesús, que se entrega por amor, por cada uno de nosotros y nos desafiaba a responder a este mismo amor… con generosidad y confianza en Su amistad. Al regresar…sentía una alegría profunda, y, aunque no sabía aun como, me hizo dar otro paso: discernir el cómo y dónde responder a este Amor sin vuelta atrás, que me desafiaba a Amar también así. 

 

Pero después no todo fue tan lineal… y sentí también otros desafíos, experimenté algunas dudas, miedos… incertezas de si sería capaz de vivir para siempre así…

Y por eso, un tercero momento fue importante para mí: un año de voluntariado en Santo Tomé y Príncipe, un pequeño país en el continente africano. Allí, viviendo en comunidad con un pequeño grupo, pusimos nuestros talentos y estudios al servicio de la Iglesia y comunidad local, ayudando en la pastoral, en la educación o en programas de desarrollo de las comunidades locales. Fue la misma experiencia de alegría profunda al compartir gratuitamente lo que era y sabía. No estando sola, pero en complementariedad con otros y otras…muy diferentes de mí, pero convocados por el mismo Jesús para un mismo fin: dar vida, ayudar a crecer, ¡compartir lo que habíamos recibido! 

 

En todos estos, y en muchos otros momentos… he experimentado y confirmado una y otra vez,  cómo Dios nos llama a seguirle en libertad, si queremos y cuando estamos dispuestas a ello; nos hace sentir una profunda alegría interior, que es capaz de vencer obstáculos presentes y miedos del futuro desconocido; y principalmente, la certeza y confianza de que El estará siempre, caminará con nosotras, y con Su Espíritu, nos inspirará la palabra y gesto oportuno. No es por mis fuerzas y capacidades, por mis esfuerzos o por mi buen carácter… sino porque Él se ha empeñado en contar conmigo…  y a través de mí, llegar a otros. Esto lo sigo creyendo y experimentado también hoy, cada día… Los desafíos cambian… pero Su fidelidad y bondad…!no! Y en ellas pongo mi confianza. ¡Siempre! 

 

anapinaaci@gmail.com

DELFO

CUBA

Nuestras vidas están marcadas por preguntas fundamentales, pero suele haber una que es arma de doble filo. En mi caso, es la pregunta por el sentido de la vida.

 

Soy Delfina María Barrera Oro, Delfo. Soy ex-alumna de un colegio nuestro en un barrio acomodado de Buenos Aires. Nunca tuve que preocuparme por si en mi casa había para comer o no. Quiero aclararlo porque hay muchas personas que no crecen con esta seguridad. En el colegio me iba bien y aprobaba sin mucho esfuerzo. Mi adolescencia fue semi-rebelde; salidas, fiestas, familia, amigos. Pensaba que tenía un futuro brillante y exitoso asegurado, pero cada tanto la pregunta por el sentido inquietaba… ¿La vida será sólo esto?

 

A los 16 años hice un retiro espiritual. No entendía bien qué me pasaba y sin saber yo cómo, Dios me encontró. Me tomó por sorpresa, porque a decir verdad, yo había ido a pasarla bien con amigas… Fue un encuentro reparador con Dios que me venía buscando desde siempre.  Se me revelaba presente en mi vida, también en los pequeños momentos de dolor que había tenido.

 

Esto me llevó al encuentro de los empobrecidos. En las vacaciones de verano comencé a ir a misionar a un lugar muy pobre sin luz ni agua en el interior de Argentina. Compartíamos la vida de la gente visitando los ranchos, jugando con los niños, hablando con las madres… Y el encuentro con Jesús en la Eucaristía, que al principio me costaba bastante por mi “condición rebelde”. De nuevo sin terminar de entender, fui feliz… La misión comenzó a dar sentido cambiando mis prioridades.

 

Descubrí que Jesús y su Reino valen la pena, valen la vida.

Sentía que Dios ocupaba cada vez más lugar en mí… y no me pedía sólo un poco, me pedía todo.

El carisma ya lo vivía por el colegio y la misión. Tenía experiencia de que Dios me reparaba y en su Corazón Abierto podía entrar yo y tantos otros. La Eucaristía se había hecho momento de encuentro fundamental (con Él, conmigo, con los demás)… El tema era que no me veía monja (creo que nadie que me conociera me veía… quizá ahora tampoco, jajaja). Miraba a las Esclavas en el colegio y en barrios humildes, veía que eran todas distintas. Y pensé “Bueno, si estas son todas diferentes, quizá yo acá también puedo ser quien soy”. Dios nos llama como somos, libres, eso es fundamental.

 

Dios me llevó a los más pobres y compartiendo la vida con ellos encontré sentido y alegría. Puedo acompañar sus dolores y así, atravesar los míos también. Ellos me revelaron a Jesús humano, cercano y reparador. Dios me llevó a los pobres y los pobres me llevaron a Dios… En este encuentro, Dios me regaló mi vocación de Esclava de su Corazón Roto… y del pueblo.

 

delfoaci@gmail.com

AMAVEL

FILIPINAS

Al contemplar de nuevo la historia de Jesús conmigo a través de mi vocación de Esclava, siempre me viene esta imagen del pan que Él mismo coge entre los otros panes..

 

Era maestra antes de entrar al convento de las Esclavas aquí en mi país y bueno mi historia de vocación fue un poco loca porque realmente sentí que él me llamaba a todas las vocaciones. De hecho, tenía un amigo muy querido y también fue amiga de las terciarias laicas consagradas. Así durante los años de estudio en la universidad, estaba muy enamorada del Señor y estaba dispuesta a decir Sí a todas las vocaciones.  Soñaba con ser una madre de familia, y en otro momento, me vi a misma como laica consagrada muy comprometida. 

 

Yo crecí en una familia bastante religiosa así también era muy activa en la parroquia. Por eso, no podía dejar de sentir por dentro que Él era mi primer amor desde niña. Empecé a rezar por mi vocación y a ir a misa todo los días y conocí a Jesús-Eucaristía más de corazón, sentí que el Señor era muy constante en revelarse a mí y antes que yo terminé mi universidad, después de 4 años de discernimiento tomé la decisión de seguir al Señor que me estaba llamando… y después ya conocí las Esclavas y la Eucaristía. La Adoración me atrajo suavemente, pero con claridad. Experimenté plenamente la vida normal de una chica y después yo lo dejé todo para seguir a Jesús como religiosa. Lo que más me ayudó fue la relación espontánea con Jesús, que pasó de ser una amistad verdadera en mi único amor.

 

A lo largo de este recorrido tenía varias personas que me acompañaban con tanta paciencia y delicadeza mucho más cuando estaba dudando. A pesar de poder contar con estas personas, mis padres no me suportaron en mi decisión. Pero ahora con mis dos hermanos sacerdotes, mis padres se han convertido en animadores vocacionales. 

 

Ya han pasado 13 años desde esto y yo estoy muy agradecida al Señor por su fidelidad mayor a nuestra historia. Él sigue siendo mi razón de vivir mi vocación Esclava y yo comparto esta alegría con todos los que me rodean y a la que soy enviada.

 

Hago mía la frase de Santa Rafaela María “solo en Jesús, por Jesús y para Jesús toda mi vida. Como los cinco panes y dos peces, me gustaría ser cada día, un trozo de pan para los demás, quizás porque como por los pobres de mi país si hay pan hay vida. 

 

ortineroamavel@gmail.com

Maria

INGLATERRA

Recuerdo que, desde siempre, quería hacer algo para ayudar a los demás: primero médico, luego dentista y terminé consagrada.

 

La búsqueda de la vocación puede que sea un camino arriesgado, pero que realmente vale la pena recorrer: el camino de buscar el modo en que puedo ser más yo misma, más de Dios y para los demás. Y este camino iba ganando una forma concreta, sobre todo por la llamada muy fuerte a una entrega universal, de una manera especial a los más pobres.

 

Nací en una familia católica y Dios siempre estuvo presente en mi vida, aunque no tuve una relación cercana con Él hasta los 18 años, cuando hice la preparación para la Confirmación (ahí conocí a los jesuitas y un poco después, las Esclavas) y descubrí a Dios como un ser personal, alguien con quien puedo tener una amistad profunda y real. Me fui metiendo en distintos grupos de jóvenes y estuve bastante tiempo en el “Movimento ao Serviço da Vida” y con ellos estuve tres veranos en el interior de Brasil, lugar de una profunda experiencia de Dios en los más pobres.  Dios entró para quedarse en mi casa. Nunca más salió. La inquietud por responder a la invitación que Dios me hacía para colaborar con Él, nunca más me abandonó.

 

Puedo decir que este camino de descubrir mi vocación ha sido largo y con altibajos, pero mi corazón reposó y pacificó profundamente cuando di el paso adelante para entrar en las Esclavas. Era como si dos piezas de un puzzle ya encajaban perfectamente ya que no llegué solo a compartir con Él una misión sino que llegué a hacer de Su sueño mi propia razón de ser.


maria.alarcaoaci@gmail.com

Alexandrine

Guinea ECUATORIAL

Todo comenzó en Bikop, mi pueblo, dónde, después de un intercambio con mi padre sobre mi deseo de ser religiosa, fui a hablar con las hermanas de la misión sobre “cómo seguir a Cristo”. La hermana Mercedes Cuartino fue la primera Esclava que me acogió, con amor, ella me explicó el proceso a seguir y fue así que comencé mi camino.

 

Mi encuentro con Narciso y Christian, dos niños deficientes, uno mental y el otro físico, en la escuela infantil de Bikop, fue determinante. En efecto, ellos se convirtieron en una preocupación para mí, y enseguida me pregunté que sería de estos niños sin las hermanas. Fue así que entendí, en lo profundo de mí misma, la voz del Señor que me decía: “es a ellos hacia quiénes te envío”. Y así, se confirmó mi vocación religiosa y nació la vocación educadora.

 

En el juniorado, me enviaron a estudiar pedagogía, sabía que el Señor me ofrecía el regalo más bello que jamás recibiría. Mi sueño de ser educadora tomaba forma y al final de mis estudios, comprendí la importancia y el compromiso de nuestras fundadoras y de las primeras Esclavas con la educación. Porque “educar” es ser como el alfarero, que da a la arcilla, la forma deseada.

Hermana Ceci

CECILIA

TIMOR ORIENTAL

Hace poco -unas pocas semanas- me vine a enterar de que mi nombre significa “pequeña ciega”. La verdad es que no me gustó mucho. La parte de “pequeña” no está mal, pero ¿ciega? La gente siempre conecta a las Cecilias con la música, por la santa, pero la verdad es la verdad, y etimológicamente significa “pequeña ciega”. Y por más que haya algo que no me termine de gustar, este nombre dice mucho de mi relación con Jesús. Si hay una frase en la que puedo resumir mi historia y relación con Él, es esta: “Fijos los ojos en Jesús”. De hecho, es la frase que tengo grabada en mi alianza.

 

¿Y entonces?

 

Desde pequeña, desde niña he buscado Jesús, he deseado seguirlo, Él se ha encargado de hacer arder mi corazón desde muy temprano. En las catequesis del colegio, las misiones solidarias en vacaciones, mis primeros retiros, mi noviazgo, la elección de mi carrera, los ejercicios en la vida, la entrada en la Congregación, los diferentes países en los que he vivido – Argentina, Bolivia, Uruguay, Timor Oriental-. El deseo siempre ha sido el mismo, verlo a Él.

 

Contemplándolo en la adoración, en la vida compartida con los más pobres y abandonados… siempre ha sido Él. Por más que por naturaleza sea muchas veces ciega, el saberme también pequeña y en sus manos me ha salvado. Y es que solo con Él puedo aprender a VER, ver lo que Dios quiere que mire, como Dios quiere que mire…y vivir en consecuencia, poniendo mi vida al servicio de su Reino. Porque a fin de cuentas ¿no es eso la consagración?

 

ceci_ande@hotmail.com

Hermana Isabel

ISABEL

Guinea Ecuatorial

Me gusta mucho mirar el mar, crecí junto a la playa y tuve la suerte de poder contemplar cada día la puesta de sol. Pero lo que más me gusta es el sonido de las olas, y verlas llegar e irse, para volver a llegar e irse otra vez. Y así empezó esta historia. Y así es como Dios llegó a mi vida, como esa constante que te moviliza y envía.

 

La pregunta por la vida religiosa llegó cuando tenía 18 años, acababa de empezar la universidad y quería darle sentido a mi vida. Me imaginaba a mí misma casada y con muchos hijos, trabajando en la misma ciudad en la que nací, en terreno conocido. Pero las olas a veces llegan en forma de tempestad y te arrastran mar adentro. Dios tenía otro horizonte para mí y me invitaba a salir, a ir más lejos, y con Él, “curar toda enfermedad y dolencia”. Y me hacía esta invitación a través del sufrimiento y la enfermedad de las personas con las que trataba en el hospital dónde hacía prácticas. Y lo hacía también en los niños del hogar dónde hacía un voluntariado cada sábado. Y su “ola” llegó a esa realidad acomodada en la que me había instalado, para rescatarme y atraerme con su evangelio a través de los pequeños, de los pobres, de los que sufren.

 

Paradójicamente, fue el dolor, el silencio, el sinsentido del sufrimiento, lo que hizo prender en mí la llama del deseo. Descubrí la belleza escondida en las rupturas que contemplaba y deseé colaborar en ese camino de reparación, que también se transitaba en mí.

Y me fie y entendí que este sueño de Dios tenía que ser con otros, y así fue como me encontré ante la pregunta por la vida religiosa, que se convirtió más adelante en respuesta alegre y confiada.

 

Todavía hoy, y después de 21 años desde el inicio de esta aventura, Dios sigue siendo esa constante ola que día a día abraza mi pequeña realidad y la transforma en deseos de más.

 

Todavía hoy deseo dejar que este constante vaivén de su llamada, de su ternura, de su amor radical, siga transformándome y llevándome “más dentro”.

 

isafeaci@gmail.com

Trinh Nguyen

Trinh

VIETNAM

No tenía ningún deseo de convertirme en religiosa cuando era más joven. De hecho, tuve una muy mala experiencia con los religiosos en mi infancia. Al crecer, quería tener un buen trabajo, crear mi propia familia, tener hijos y ¡ser feliz! 

 

Así que, a mis 24 años, cuando le pedí a mi familia aprobación para empezar un tiempo de búsqueda con las Esclavas en Vietnam, lo que obtuve de la familia y de los amigos fueron risas, para ellos era sólo una broma loca.

 

Aunque me establecí con un buen trabajo y tenía amigos maravillosos alrededor, las noches eran terribles. La única palabra que podía decir exactamente mi interior era “vacío”. Así que huí de esa sensación inquietante quedándome en una Capilla de Adoración después del trabajo, mirando en silencio a Jesús, y luego haciéndome mil veces la misma pregunta: “Cuál es el sentido de mi vida?”. Un amigo me pidió que me uniera a un retiro ignaciano que consideré como unas “vacaciones” lejos de esa vida vacía. Después del retiro, estaba segura de que mi vida nunca más podría ser la misma.

 

No sabía nada sobre la vocación, sólo intentaba responder a las preguntas que iban surgiendo en mi interior y que finalmente me llevaron a las Esclavas, una vez más y para siempre a Jesús en el Santísimo Sacramento en esta Congregación.

 

acibachhop@gmail.com

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