Del 12 al 14 de enero de 2026, 54 hermanas de toda la Provincia Perú Bolivia, participamos en la Asamblea Provincial. El encuentro se realizó en el Centro de Espiritualidad “Nuestra Señora del Camino”, obra apostólica de nuestra comunidad de Chaclacayo (Lima, Perú).
El gozo del encuentro y la fraternidad
Lo primero que experimentamos en esta convocatoria, fue el encuentro entre todas las que participamos. Muchas, después de casi un año, nos volvimos a encontrar. Este ambiente de acogida, alegría y fraternidad marcaron estos días y nos hizo disponibles para abrirnos al Espíritu del Señor.
Los temas a tratar en esta asamblea fueron Sinodalidad, Buen Trato y Misión Compartida. En esa dirección, las ponencias que nos brindaron no sólo iluminaron, sino que encendieron el corazón para desear y apostar por el Magis.
Sinodalidad y buen trato: un nuevo modo de relacionarnos
Daniela Cannavina, HCMR, nos habló sobre Sinodalidad y Buen Trato, y una vez más, sentimos que el Espíritu del Señor nos llama a caminar juntas desde un nuevo modelo de relacionalidad, desde el arte del encuentro y la “bendita diferencia”. La llamada es a ser lúcidas, creativas, armoniosas para vivir nuestras diferencias, ya que somos maravillosamente distintas: distintas en lenguaje, en gustos, en cultura, en sensibilidad, en modos y estilos de vivir la espiritualidad.
La Sinodalidad, pues abarca todo lo que somos y hacemos. Se refiere a una nueva forma de vivir y de actuar, de estar en lo cotidiano. Requiere que revisemos nuestras relaciones, mentalidades, dinámicas comunicativas y estructurales. Y esto es personal, comunitario y estructural.
Además, nos ayudó a reconocer que la cultura del Buen Trato promueve en nosotras, en nuestras comunidades, relaciones justas, fraternas, dinámicas de roles horizontales y ver a la otra como un bien. En definitiva, es hacer un camino de humanización al estilo de Jesús.
Misión compartida: un carisma que se abre y se comparte
Por otro lado, la ponencia Misión Compartida, de los laicos jesuitas y maristas que han hecho un largo camino de trabajo en ese aspecto, nos iluminó para entender que las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús como parte de la Iglesia compartimos su misión desde el carisma Eucarístico Reparador. Y, a ese carisma se suman diversas vocaciones.
Entender esto implica un cambio de paradigma: pasar de ser ayudantes a ser colaboradores corresponsables en la misión. Esto no diluye las identidades, sino que las fortalece. Entonces pasamos a ser una Comunidad Apostólica que nos sumamos a la misión de la Iglesia con diversos niveles de pertenencia y compromiso, cada uno desde lo particular de su vocación. Esto trae muchos retos porque no es solo una cuestión organizativa sino un camino espiritual donde la formación compartida es importante para que, Esclavas y laicos, hablemos un mismo lenguaje.
Maria Flores, de la comunidad de Lima – Perú

Nos dieron muchas luces sobre el camino espiritual porque no se ama lo que no se conoce. ¡Qué riqueza fue este compartir de experiencias! Encendieron el corazón para desear esta conversión que, sentimos, nace del deseo de Dios para la Provincia.
Y, sentimos que todas estas llamadas que fuimos sintiendo, se plasman en el Lema Provincial -que ha sido ya un pequeño paso en la misión compartida-: Caminemos sembrando esperanza y paz. Que recoge el llamado a caminar juntos, TODOS los que compartimos el carisma Eucarístico Reparador, llevando, sembrando, la esperanza y la paz en nuestro entorno, en nuestro mundo, tan necesitados de ello.
Gracias al Señor, gracias a su Espíritu por mostrarnos la ruta, el camino. Gracias Rafaela María por mostrarnos cómo hacerlo: todos unidos, como los dedos de la mano.
¡¡¡Gracias a Dios, mil veces gracias!!!
María Rosario Flores Rios, ACI
Doris, de la comunidad de Oruro, Bolivia
Para mí la experiencia de la Asamblea ha significado el paso de Dios que me zarandea, renueva, desafía y me llama a más.
La Asamblea me iluminó para vivir un camino espiritual siendo artesanos de La Paz con calidad evangélica al estilo relacional de Jesús, desde la ética del cuidado.
Me he enamorado más del carisma Eucarístico Reparador de mi Congregación, carisma que me llama a reparar heridas, grietas, a encantar rostros, acunar sollozos de este mundo con sus diversas fracturas.


Esta asamblea me sensibilizó a apostar por el crecimiento espiritual que cultive la interioridad, vigorice el amor, la acogida, el sentido de la ternura, la capacidad de dar cariño, gratuidad, inclinación por lo pequeño, frágil y vulnerable, encantarme por la belleza del mundo y del ser humano.
Me sentí llamada a vivir la corresponsabilidad con los laicos, para alentar y proteger la vida, para cultivar la vida de Dios, recuperando el respeto y la dignidad de cada persona.
Doris Cerdeña Vizcarra, ACI
Nelly, de Cochabamba – Bolivia
Desde lo más hondo del corazón, quiero compartir las resonancias que me habitan después de la Asamblea de nuestra Provincia Perú – Bolivia. Siento que ha sido un tiempo de gracia, de escucha y de verdad, donde el Señor nos ha vuelto a convocar.
Caminamos juntas hacia la misión reparadora.

No hemos venido por iniciativa propia, sino porque Él nos llamó, se nos invitaba a reflexionar en la oración de inicio de la asamblea. He sentido con fuerza que la sinodalidad no es solo un método de trabajo, sino un modo evangélico de vivir hoy nuestro carisma: caminar al ritmo del Espíritu, sosteniéndonos unas a otras.
Con la ponencia de Daniela Cannavina, HCMR, sobre el buen trato y la sinodalidad y los paneles sobre misión compartida de los Jesuitas y Maristas, nos hemos iluminado, confrontado y tomando conciencia sobre el camino que vamos haciendo nosotras con los laicos. Y en ese mirarnos y dejarnos mirar, percibí el deseo sincero de comenzar de nuevo, de permitir que el Señor transforme nuestros vínculos y nos haga comunidad sanadora, fraterna y corresponsable en la misión. Tenemos la riqueza de nuestro carisma eucarístico reparador que no lo podemos guardar, es misión de la Iglesia; me estremecieron las últimas palabras de Daniela: “no tengan miedo, el protagonista es el Espíritu”. Hay esperanza, algo nuevo está naciendo para nosotras, las Esclavas del SCJ.

Dejémonos conducir sin miedo por el Espíritu, para que transforme nuestros vínculos y haga de nosotras comunidades sanadoras, fraternas y corresponsables en la misión.
Otro eco fuerte fue la llamada a un cambio de paradigma: pasar de colaboradores a corresponsables en una misión sinodal. Siento que el Espíritu nos invita a un cambio profundo y radical. Ya no se trata solo de “ayudar”, sino de reconocernos parte de una misión común, compartida con otros y otras, en la diversidad de vocaciones. Un modelo más circular, donde todas y todos escuchamos, discernimos y participamos, y donde el carisma y la espiritualidad eucarístico–reparador se viva y se comparta en verdad. Un desafío grande es la formación conjunta: laicos y hermanas. Esto me llevó a agradecer por la FACI; las hermanas que compartieron sentían que el carisma las llena y las mueve a hacerlo vida en su entorno cotidiano.
Una misión compartida
Acojamos con audacia el llamado a una misión compartida, formándonos juntas y juntos, para que el carisma eucarístico–reparador se haga vida y esperanza en cada realidad que habitamos.

Finalmente, al mirar hacia el futuro, especialmente hacia la vida y misión 2026, me quedó grabado el deseo de organizarnos y discernir juntas y juntos para caminar sembrando esperanza y paz. Nuestro lema permitirá hacer una misión compartida en cada una de nuestras presencias. Que nuestras estructuras, opciones y proyectos no se vuelvan fines en sí mismos, sino expresión de una vida integrada, evangélica y disponible, al estilo de Jesús: que ora, anuncia, sirve y sigue caminando hacia los nuevos lugares donde la vida espera.
Me ha gustado el proceso que hemos ido haciendo, creando de a pocos un clima de escucha y empatía, humanizarnos y sinodalizarnos. Pusimos ante el Señor los procesos que estamos viviendo sobre la misión compartida, la educación evangelizadora y transformadora, la pastoral juvenil vocacional y la reestructuración, pidiendo la gracia de dejarnos conducir por su Espíritu. Los espacios de oración, adoración conjunta y la Eucaristía fueron el lubricante para que el engranaje de las prioridades empiece a rodar.
Me quedo con una profunda gratitud y con una certeza serena: el Corazón de Jesús sigue latiendo en medio de nosotras y nos sigue enviando.
Que sepamos escucharle, cuidarnos y caminar juntas, fieles al don recibido.
Que nuestra meta sea configurarnos como comunidades fraternas, al estilo de Jesús y para la misión.
GRACIAS SEÑOR POR TANTO BIEN RECIBIDO…

Nelly Sempértegui Ramírez, ACI
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