RAFAELA MARÍA Y LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS

RAFAELA MARÍA Y LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS

Siendo única y singularísima la respuesta a la llamada de Dios de cada persona, también en cada una de nosotras, hay elementos y situaciones de vida que unen a distintos personajes y es posible establecer un paralelismo entre ellos.

Este es el caso de los Reyes Magos, cuya fiesta celebramos hoy -6 de enero- y Rafaela María que ese día -hace 96 años- pasó a gozar en plenitud del amor de Dios en esta casa de XX settembre.

La misma Rafaela se sintió unida a estos personajes de Oriente:

              “Oh, Jesús mío, yo me uno, aunque indigna, a los Santos Reyes Magos para ofreceros mis horas de Adoración en vuestra Divina Presencia y humanidad Santísima. Me uno para ofreceros también un amor ardiente y un corazón verdaderamente mortificado, el cual no ame más que a Vos y ninguna otra cosa sino por Vos y para Vos”.

Adoración y ofrenda son la clave común, fruto de la búsqueda incansable y -a veces- a ciegas del Niño Dios para hacer de sus vidas la realización existencial de la voluntad de Dios sobre ellos.

INICIATIVA DE DIOS

“Vimos su estrella en el Oriente” (Mt 2, 2b).

“La muerte de mi madre, a quien yo cerré los ojos por hallarme sola con ella en aquella hora, abrió los ojos de mi alma con un desengaño tal, que la vida me parecía un destierro”.

“Continuaba cada día entrando más en sí y la Providencia divina que ya iba formando sobre mí sus designios, me ponía casi continuamente objetos a la vista que me fuesen, cada vez más, desengañando del mundo”.

UNIVERSALIDAD

“Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, entonces unos magos que venían de Oriente…” (Mt 2, 1a).

“El corazón de una Reparadora no debe circunscribirse a un número determinado, sino al mundo entero, que todos en él son hijos del Sagrado Corazón de nuestro buen Jesús y todos le han costado su sangre toda, que es muy preciosa para dejar perder ni una sola gota”.

“Yo deseo que cada una de nosotras tenga un corazón más grande que el

mundo entero, para darle mucha gloria al Sagrado Corazón, y especialmente en nuestra unión de sentimientos y tolerancia mutua”.

BÚSQUEDA

“Se presentaron en Jerusalén preguntando: ¿Dónde está el rey de los judíos recién nacido?” (Mt 2, 1c. 2a).

EN ACTITUD DE ABANDONO

“Soy de Dios y exclusivamente de Dios, en sus manos me tiene”.

“Lo que Dios nuestro Señor me pide es vivísima fe en Él, para dejar a su divina Providencia entera libertad para que haga de mí lo que más le agrade, como un poco de barro en manos del ollero”.

EN ACTITUD DE CONFIANZA

“El Señor me quiere como a la niña de sus ojos. Él verá lo que hace de mí; yo, en Él confío”.

EN ACTITUD DE GENEROSIDAD

“Nuestra vida debe ser toda ella un tejido de fe y generosidad”.

EN ACTITUD DE DESEOS DE SANTIDAD

“Debo darlo todo por el todo para llegar donde Dios me quiere, que es a una gran santidad”.

EN ACTITUD DE DESPOJO

“Ni obras, ni luces, ni nada de esto quiere Jesús de mí, sino muerte, muerte a todos mis quereres, a todos mis deseos y a todos mis juicios”.

OSCURIDAD, CRUZ

“Al oírlo, el rey Herodes se sobresaltó, y con él toda Jerusalén” (Mt 2,3).

“Las injurias, humillaciones, malas interpretaciones, etc., las he de tomar

como pan de mi alma, pues de este pan entiendo se mantiene Cristo, y en alma así amasada se incorpora Él en íntima unión porque la llena de su amor puro”.

ALEGRÍA, GOZO, PEREGRINAR

“Ellos… se pusieron en camino y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos hasta detenerse sobre el lugar donde estaba el niño. Y al ver la estrella se llenaron de una inmensa alegría” (Mt 2, 10. 9).

“Tranquilidad, paz y alegría, y gran confianza en el que tanto nos quiere y tan poderoso es”.

“Esté muy contenta de verse tan chica y alégrese en Dios”.

“Debo alegrarme de todo lo bueno de que se sirve en todas las criaturas,

porque como yo no debo querer más que lo que Dios quiere, he de gustar de todo lo bueno que Él haga en los demás”.

MARÍA, SENCILLEZ, HUMILDAD

“Entraron en la casa, vieron al niño con su madre, María” (Mt 2, 11 a).

“Quiero y deseo amaros como os ama la Virgen Santísima, mi dulce madre y señora”

“Una súplica de un corazón humilde y sencillo rinde su Corazón y nada puede negarle”.

“Verme siempre en lo que soy, un vaso frágil e inmundo sostenido sólo por pura misericordia de Dios”.

OFRENDA, ACCIÓN DE GRACIAS

“… cayendo de rodillas le rindieron homenaje; abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra” (Mt 2, 11 b).

“Estoy en este mundo como en un gran templo, y que yo, como sacerdote de él, debo ofrecerle continuo sacrificio en lo que me contrarían las criaturas, sean cuales sean, y continua alabanza en las que me satisfagan, y siempre todo a mayor gloria de Dios, que es el fin para que nos ha puesto en este mundo”.

MUERTE DE LA SANTA, ADORACIÓN

“… y postrándose, le adoraron” (Mt 2, 11 b).

“Jesús sacramentado, principal objeto de nuestra reunión”.

“Salí muy animosa y alegre de poder hacer algo por mi Capitán Jesús, sobre todo ponerlo a la adoración de los pueblos”.

“Que se nos infunda bien el espíritu del instituto, que es el amor verdadero a Jesús sacramentado y el interés que al Divino Corazón devoraba por la salvación de las almas”.

Encarna González, aci